O como se diría según Speaking in Silver, "That if you want rice, Catalina". Algo así me vino a la cabeza al leer esta entrada del bueno de @blogsmdmm y es que como bien dice Manolo, "la cosa está muy jodida" (un taco bien usado, es de lo más gráfico que puede haber, pero perdón en cualquier caso). Y no puedo estar más de acuerdo. El nerviosismo casi se puede tocar con los dedos porque la crisis atenaza a todos y cómo no, a las operadoras de telefonía.
Ahí quería llegar yo, porque después de ya mucho tiempo como cliente de Movistar (mentiría si digo que estoy contento cuando he tenido que reclamar hasta cinco veces por cobros indebidos en facturas), he comenzado a recibir llamadas del 900 10 10 10 (a saber, el Centro de Relación con el Cliente de Movistar empresas). Al principio las respondía: siempre era algún teleoperador latinoamericano ofreciéndome un servicio que no me interesaba, y que tras un correoso intercambio de opiniones, lograba zafarme y colgaba.
Hasta ahí el asunto era molesto, pero tolerable dentro de la normalidad: cada uno tiene que ganarse el pan como puede y no iba a ser yo quien montara el pollo porque utilizaran mi línea, la que pago religiosamente a final de mes, como spammers profesionales. El asunto se ha comenzado a tornar preocupante, como digo, de un par de meses a esta parte: las llamadas eran prácticamente diarias y tratándose de una línea de trabajo, me estaba dejando de hacer gracia. Me llamaban en mitad de reuniones, cuando recogía a las crías en el colegio, y daba igual que les dijeras que era mal momento porque seguían hablando y soltando su perorata.
Con la carga acumulada de varios días de llamadas continuas, un día me pillaron con el pie torcido y solicité hablar con un supervisor para transmitir un mensaje claro: la línea era mía, pagaba por ella, la utilizaba para trabajar y de la misma manera que puedo acogerme a no recibir correos indeseados, con mayor razón quería que el operador que suministraba el servicio, no se aprovechara de la circunstancia para bombardearme a llamadas. A todo esto, ya había dado de alta hace tiempo la línea en Listas Robinson, que a la vista de los hechos, tiene el mismo efecti que tirar una piedra a un pozo.
El caso es que no me pasaron con un supervisor, pero la operadora consultó con él y tras veinte minutos de espera me contestan: "tome nota", tras lo cual me da una dirección postal y una serie de instrucciones. ¿La dirección de quién es? Pregunto inocente. "De la Agencia española de protección de datos" y continuó, "nos tiene que mandar un escrito solicitando la baja, escrituras de la empresa, apoderamiento, fotocopia del DNI..." (en este punto dejé de escuchar). Fue aquí cuando me vino a la cabeza lo de "Que si quieres arroz Catalina". Así es Movistar, mimando al cliente.
A modo de resumen: el operador al que pago el servicio y posee todos mis datos, me invita a que recurra a un organismo externo que le ordene cancelar mis datos a efectos comerciales. ¿La solución? como esto me suena a país de pandereta, la solución tenía que estar a la altura: he comprado un programa en la BlackBerry para bloquear las llamadas de Movistar. Mano de santo, oiga.
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